Buscar este blog

lunes, 15 de julio de 2013

Lectura de archivo: J. Dewey y su Escuela Experimental


Por Ana Clara Valli
No son novedad las críticas al sistema escolar mediante el cual se educan sucesivas generaciones de todo el mundo. De manera que, si nos introducimos en ese debate que enfatiza las deficiencias de la escuela tradicional, es un paso obligado mirar hacia atrás, hacia el pasado, hacia aquello que aún sigue vigente y constituye una importante influencia para los educadores en la actualidad.
El norteamericano John Dewey es uno de aquellos hitos del debate escolar que debemos revisar en el archivo dado que: por un lado, fue un gran crítico de la escuela tradicional, a la cual consideró como una imposición de contenidos y métodos de aprendizaje que son ajenos a la experiencia y capacidad de los jóvenes educandos, vistos como agentes pasivos y depósitos vacíos en los que los educadores vuelcan sus conocimientos; y por el otro, fue quien formuló y puso en práctica una teoría que apunta a una nueva educación a la que denomina “Progresiva” a través de su “Escuela Laboratorio”.
La escuela que proyecta Dewey en su teoría de la Educación Progresiva se caracteriza por: cultivar la individualidad de los sujetos, proponer una actividad libre donde el aprendizaje se lleve a cabo mediante la producción de propias experiencias, permitiéndole a los alumnos adquirir técnicas que sirvan como medios para alcanzar fines que les interesen directa y vitalmente, y conocer al mundo siendo conscientes de que el mismo está siempre sometido a cambios. El principio central que da sustento a esta teoría es el que considera que existe una necesaria relación entre los procesos de experiencia real y la educación. Reconociendo sin embargo que no toda experiencia es educativa, Dewey define la experiencia educativa como aquella que cumple con dos principios básicos: el principio de continuidad y el principio de interacción. El primero de ellos implica que toda experiencia debe recoger algo de una experiencia anterior y modificar en algún punto la cualidad de la experiencia siguiente. El segundo, significa que en la experiencia educativa las condiciones objetivas y las condiciones internas son consideradas con iguales derechos, porque toda experiencia normal es un juego recíproco de estas dos series de condiciones que al interactuar constituyen lo que conocemos como situación. Este concepto fue un pilar central de su teoría.
Pero lo que resulta más interesante de esta revisión de archivo, es comprobar que Dewey llevó a la práctica –y con bastante éxito para la época- esta teoría que muy resumidamente comentábamos antes. Fue en enero de 1896 cuando Dewey abrió las puertas de la Escuela experimental de la universidad de Chicago, que empezó con 16 alumnos y 2 maestros, y llegó a tener en 1903 a 140 alumnos, 23 maestros y 10 asistentes graduados. La mayoría de los alumnos procedían de familias de profesiones liberales y muchos eran hijos de colegas de Dewey.
Acorde con la teoría de “Escuela Progresiva”, su programa de estudios se centraba en  lo que Dewey denominaba “ocupación”: un modo de actividad por parte del niño que reproduce un tipo de trabajo realizado en la vida social o es paralelo a él. Los alumnos eran divididos en grupos por edad y llevaban a cabo proyectos centrados en distintas profesiones. Los pequeños de cuatro y cinco años realizaban actividades que conocían por sus hogares y entorno como la cocina, la costura, y la carpintería; los niños de seis años construían una granja de madera, plantaban trigo y algodón, lo transformaban y vendían su producción en el mercado; los niños de siete años estudiaban la vida prehistórica en cuevas que habían construido ellos mismos, y los de ocho años centraban su atención en la labor de los navegantes fenicios y de los aventureros posteriores, como Marco Polo, Colón, Magallanes y Robinson Crusoe. La historia y la geografía locales centraban la atención de los niños de nueve años, y los de diez estudiaban la historia colonial mediante la construcción de una copia de una habitación de la época de los pioneros. El trabajo de los grupos de niños de más edad se centraba en los experimentos científicos de anatomía, electromagnetismo, economía política y fotografía. Finalmente, los alumnos de trece años habían fundado un club de debates, y como necesitaban un lugar de reunión construyeron un edificio, proyecto en el que participaron los niños de todas las edades en una labor cooperativa. Es importante destacar que el interés temático por las ocupaciones proporcionó además la ocasión para un trabajo en matemáticas, geología, física, biología, química, artes, música e idiomas. La lectura, por ejemplo, se enseñaba cuando los niños empezaban a reconocer su utilidad para resolver los problemas con que se enfrentaban en sus actividades prácticas, la edificación de la maqueta de granja les permitió aprender ciertas nociones de matemáticas. Otro punto importante, es el hincapié que Dewey hacía en el espíritu democrático, no sólo entre los alumnos de la escuela sino también entre los adultos que trabajaban en ella, dado que ambas partes participaban en la ideación de los proyectos y los llevaban a cabo mediante una organización cooperativa del trabajo.
Por supuesto que la labor de Dewey precisa de un estudio mucho más exhaustivo, pero el propósito de esta reseña tan sintética ha sido cumplido. Releer los archivos nos permite encontrarnos con ideas interesantes para mejorar el tan criticado sistema escolar, pero también genera un llamado de atención: para que el cambio se produzca es necesario llevar esas ideas a la práctica, para que los errores y aciertos nos permitan perfeccionarlas y transformar así un sistema escolar que nos resulta ineficiente. 

                                                               

No hay comentarios:

Publicar un comentario